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ANALISIS

22 de mayo de 2022

La UCR tiene el corazón partido, Belloni pasa un mensaje a los propios, el FPV amenaza con Máximo y Claudio Vidal juega al patito feo

En estos últimos días en Santa Cruz comenzó a perfilarse la campaña política del 2023. Para ello los partidos comenzaron a “acomodarse” previa internita demoledora que, como en el caso de la UCR, desnuda la existencia de dos sectores bien diferenciados. El clásico, promovido, gestado y dirigido por Eduardo Costa y Roxana Reyes, una precandidata “cantada” para la gobernación, va por el ala fuerte y más tradicional del radicalismo provincial y paralelamente otro grupo de “renovadores”, el cual está integrado por algunas figuras jóvenes buscando alianzas y barriendo el piso de viejas pelusas con olor acre de aquel viejo tradicionalismo que encarna Costa y nos remite a Fredy Martínez, Lozano, Giubetich, Héctor Roquel (F), Ernesto Cruz (F), entre otros muchos.

Para ello el segundo fin de semana de mayo el radicalismo provincial hizo una Convención, de donde surgió un documento que como lo expresamos en nuestro informe del día 9 de este mes, dejó “gusto a poco”, teniendo en cuenta que se trató de una enumeración de hechos que toda la sociedad conoce y padece y en ningún lugar del texto figura una idea clara de cómo hará el radicalismo para revertir los problemas de vieja data; y a esta altura no puede la oposición esperar a vencer en las urnas y hacerse cargo, “para ver que van a hacer”, pero así parece plantearlo la UCR, quien se muestra como relator de los padeceres públicos, pero no exponen las soluciones.

El sector que se considera excluido de las preferencias de los conservadores del radicalismo, hizo su propio cónclave en El Calafate. Y allí aparecieron viejos conocidos del partido Radical como el médico caletense Juan Acuña Kunz y “renovadores” como Leonardo Roquel, que como su padre y su hermano nació y está creciendo bastante rápido en el ambiente político provincial, un fenómeno bastante típico de la argentina, donde se suceden las dinastías políticas en una familia, una forma de asegurarse el futuro en un país donde la autocrítica no existe, la justicia menos y los apellidos tienen peso propio. Todos se están preparando para lo que serán las elecciones internas de la UCR, el día 26 de junio.

 

Hasta acá todo se ve normal con los planteos y las diferencias obvias de una interna partidaria, sin embargo, cuando se cruzan algunos datos y se sopesan algunas situaciones, comienzan a aparecer señales que incomodan a unos, alertan a otros y algunos actores elevan por encima de sus declaraciones, mensajes políticos concretos.

¡Atención compañeros!

No es casual y mucho menos inocente que el cónclave radical se haya hecho en El Calafate. Tampoco es casual que, con foto mediante, Acuña Kunz haya aderezado su encuentro con el intendente Javier Belloni, mediante un reconocimiento público inédito para un Radical, en relación con el hombre más fuerte que tiene el oficialismo para pelear una posible candidatura al 2023.

Estas señales más que hacia adentro de la UCR, están vinculadas con el intendente de El Calafate, quien no tiene intenciones de ser moneda de cambio de Alicia u otro candidato en las elecciones del año próximo, si se mantiene (como es de esperar) la Ley de Lemas. 

Está claro que si no es por dentro del FPV, Belloni, encarnando al “PJ histórico” podría tejer alianzas con el sector de la oposición y hasta unir voluntades con el ex gobernador Daniel Peralta, lo cual balancearía considerablemente el voto en la provincia y particularmente de un 20% de votantes que pueden llevar sus preferencias hacia una línea intermedia, digamos “renovadora del oficialismo”, cuyo espectro de captación estaría orientado hacia los radicales desencantados del costismo y de los peronistas que no votan con el kirchnerismo.

El mensaje, aunque aún sea algo difuso, implica una alerta política hacia adentro del FPV. Si el oficialismo no le asegura a Belloni pelear la gobernación por sus propios medios, el calafatense les está advirtiendo que no le servirá de pilar para sostener las candidaturas de Pablo GrassoPablo González y de cuanto sublema ponga el kirchnerismo para retener el poder.

El resultado de las elecciones del 2019, donde Belloni y Vidal fueron “los plomos” de Alicia Kirchner, dejó una marca indeleble en el oficialismo endogámico: Belloni no quiere ser más el “pato de la boda” y eso se ve a simple vista en las acciones concurrentes con sus modales políticos en esta instancia donde los pre candidatos se están acomodando y los partidos mayoritarios pugnan por ofrecer sus mejores opciones. La foto de Belloni y Acuña Kunz, debe leerse en estos términos y no, precisamente, como  un acto de camaradería y convivencia política más, acciones muy raras de encontrar en Santa Cruz, entre oficialismo y oposición.

Tercero en discordia

El que no sabe bien dónde ubicarse aún, aunque quienes analizamos la “real politik” de la provincia sabemos que es un brazo armado del kirchnerismo de Máximo y su madre, es el petrolero Claudio Vidal.

Vidal está envalentonado por el 26% de los votos obtenidos en la última elección y anda por todos lados haciendo el ofrecimiento de su poder político, al punto que ha logrado que el Radicalismo del lado de Eduardo Costa, considere posible una eventual alianza con el kirchnerista del SER.

El problema que no analiza o no ve el petrolero, es que la elección del 2023 será muy distinta en sus objetivos que la del 2019, donde se renovaron bancas en el Congreso.

Vidal capitalizó dos cuestiones fundamentales en el 2019 con sus beneficios y sus problemas. Primero, su caudal de votos no es genuino. Está alimentado por votantes disconformes con Alicia, quienes eludieron los candidatos del gobierno y se nutrió del voto opositor de quienes siendo radicales y de JxC no quisieron apoyar al costismoy muchos independientes decididos a no apoyar a las opciones tradicionales.

Segundo, las elecciones de medio tiempo son diametralmente opuestas a las generales. Las legislativas suelen funcionar como un “castigo” o una “llamada de atención” hacia los líderes del oficialismo y la oposición, pero en las generales, los partidarios se alinean, en su mayoría, con los candidatos naturales de cada partido.

Quiere decir que el triunfo de Vidal es relativo y a la vista de los resultados, es más un triunfalismo. De igual manera sucede con la oposición, que se subió al podio alegando haberle ganado al oficialismo en la provincia y la verdad es que el electorado se partió en tres tercios. Pero si consideramos al SER como aportante directo al kirchnerismo provincial, dos tercios de los votantes, no apoyaron a Roxana Reyes y a Eduardo Costa; y esto en las generales, puede volver a suceder.

Es ahí cuando Claudio Vidal con el SER, funciona como “el tercero en discordia” y pretende vender su apoyo político en alianza con cualquier sector que lo contenga. El concepto que sostiene es: “Solo no puedo, pero ellos sin mi tampoco van a poder”. Y en este marco el Radicalismo comenzó a mirar al petrolero con alguna simpatía, aunque parezca desopilante y contradictorio.

Todo indica que si la UCR y/o JxC hacen alianza estratégica con Vidal para las próximas elecciones, perderán mucho de los votos de correligionarios y Vidal perderá mucho de los votos propios, que jamás votarían a un radical. Es decir, que de aquel 26% del 2019, podría quedar muy por debajo del 20%, después de separar la paja del trigo.

De esta manera y por el momento, Vidal articula con quien pueda y quiera sumarse a su movida. “El SER busca novio y viene con dote”, me dijo hace unos días un ex candidato del partido Radical, aludiendo a la billetera del petrolero y la tentación que genera en el entorno. La UCR deberá sopesar el costo-beneficio, ante una supuesta alianza, con el solo propósito de ganar una elección.

El problema, es que Vidal no baja su pretensión de ser candidato a gobernador, lo cual quiere decir, sencillamente, que quien se alíe con él debe sumar, no va a ser protagonista.

Globos de ensayo

La reciente aparición de pintadas en Río Gallegos, proponiendo a Máximo Kirchner como candidato a gobernador en el 2023 es un simple “globo de ensayo”, práctica vieja y evidente del ánimo calculador de sus autores, para ver “si prende” en el humor social, la propuesta.

La estrategia es “tirar el mensaje”, recoger el impacto y si no hay objeciones serias, seguir adelante con la ideadándole forma a una propuesta más seria y posible. En ese tiempo si el candidato propuesto (en este caso Máximo) es consultado, dirá que no sabe, no impulsa ninguna candidatura y “son cosas de los compañeros que me lo están pidiendo”. De manual. Una estupidez mayúscula, tan obvia y evidente que no resiste un análisis mayor a éste.

La posibilidad de que Máximo Kirchner bajara con su candidatura a la provincia, es algo que analicé y dije hace más de dos años. Y todo dependía de la pérdida del poder político a nivel nacional, como está ocurriendo actualmente.

La teoría señalada en ese informe de ese momento, era que ante la imposibilidad de no llegar a tener apoyo para una posible candidatura a la presidencia o bien a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, Máximo tomaría dos caminos: seguir como diputado y/ buscar la senaduría, para lo cual le alcanza con el aparato militante que dirige su madre o la otra opción sería replegarse a Santa Cruz, donde tendría la gobernación asegurada y desde aquí generar poder, lo cual le permita en unos años más, encarar un plan más ambicioso en su vida política usando fundamentalmente, su apellido como elemento aglutinante de su campaña.

Si Máximo en realidad decidiera jugar en Santa Cruz, sin duda el FPV, el PJ y el SER, se unirían y no creo que haya forma de derrotarlos.

La vetusta, añeja y retrógrada concepción de la política que tiene el hijo de la viuda vicepresidente, la dejó claramente expresada en su último discurso donde dijo que los compañeros que quieren conducir, también deben obedecer. Esta es la concepción política de alguien que se considera dentro de una nueva generación política e ideológicamente atrasa 50 años. El verticalismo, la falta de libertad para pensar y discernir, la obediencia ciega y la imposibilidad de disentir, es la identificación más clara del concepto faccioso que tiene este hombre solo sostenido por el aparato que aceita y dirige su madre.En esas condiciones se desenvuelve la política provincial. Todo se está “acomodando” en Santa Cruz y no por casualidad la gobernadora Alicia Kirchner armó la reunión con los intendentes, en una previa donde la bajada de línea hacia adentro del FPV, está orientada a asegurarse el poder en el 2023, independientemente del nombre de quien lo ejerza.

Fuente / OPI Santa Cruz

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